• Presentación de temporada de conciertos 2013-2014

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    La muy trascendente personalidad del compositor alemán Richard Wagner se convierte, en la vigésimo cuarta temporada de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, en el punto de partida de una exuberante sucesión de programas que desvelan, una a una, las ilusiones, tristezas, alegrías y anhelos que han caracterizado a la cultura europea, y su posterior expansión universal, desde mediados del siglo XVIII hasta nuestros días. Si el año pasado, en el curso 2012/13, fue la figura indiscutible de Verdi (1813-1901) quién acaparó gran parte de la atención, abriendo la temporada de abono con la interpretación de su Requiem, conmemorando así los doscientos años de su nacimiento, en esta ocasión es el bicentenario de Richard Wagner (1813-1883) la excusa perfecta para aproximarnos a su legado artístico.

    Sostiene el escritor Thomas Mann que los tres nombres que hay que mencionar cuando se buscan los fundamentos de la formación intelectual y artística en los amplios límites europeos son los de Schopenhauer, Nietzsche y Wagner, existiendo una fuerte interrelación entre todos ellos. Wagner nos desvela en sus escritos la influencia decisiva que en él ejerce Arthur Schopenhauer: “debo confesar que he alcanzado una comprensión clara de mis propias obras con la ayuda de otro, que me ha proporcionado las ideas razonadas que corresponden a mis principios intuitivos”, y es que según T. Mann, la obra de Wagner “está impregnada, por así decirlo, de la dulzura erótica, de la esencia embriagadora de la filosofía de Schopenhauer [...]. Fue el gran acontecimiento de su vida. Sin duda liberó a la música de sus ataduras y le dio valor para ser ella misma”. Convencido de su “deber sagrado” Wagner afirma por boca de Wotan en La Valquiria: “Sólo comprendéis lo convencional, /pero yo aspiro a comprender / lo que nunca ha sucedido…” y lo que nunca había sucedido, en nuestra cultura europea, era el propio Wagner y la revolución que traía consigo. En la presente temporada, la audición de la obra de Wagner y su legado en los compositores en los que influyó obligará al público sevillano a penetrar activamente en un nuevo mundo de ideas y sentimientos pues, como escribió Nietzsche, la escucha de la obra de Wagner es como si alguien “entra andando en el mar, poco a poco pierde pie y, finalmente, se entrega a merced de los elementos: debe nadar”.

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