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Sinfónico 06: Tutto Mozart |
Sinfónico 06: Tutto Mozart

04/05DIC2025|20:00H

Teatro de la Maestranza |
20:00 h.
Sinfónico 06: Tutto Mozart | Notas al programa

WOLFGANG AMADEUS MOZART: Lucio Silla, Obertura Kv. 135
WOLFGANG AMADEUS MOZART: Popoli di Tessaglia - Io non Chiedo, eterni Dei  Kv. 316
WOLFGANG AMADEUS MOZART: Adagio y Fuga en do menor  Kv. 546
WOLFGANG AMADEUS MOZART: Vorrei Spiegarvi, Oh Dio!  Kv. 418
WOLFGANG AMADEUS MOZART:  Ah se in ciel, benigne stelle  Kv. 538
WOLFGANG AMADEUS MOZART: Sinfonía nº41 en Do mayor(Júpiter) Kv. 551

Soprano: Leonor Bonilla
Director: Jan Willem de Vriend

Sinfónico 06: Tutto Mozart
Notas al programa

Mozart es el ángel tutelar de la sinfónica de Sevilla, su duende de violín y bronce vela la puerta del Teatro de la Maestranza, mientras revisa la partitura de “Las bodas de Fígaro” o “Don Giovanni”, las obras inmortales que su genio regaló a la ciudad. Precisamente la ROSS dio inicio este año a la temporada operística con la interpretación de las venturas y desventuras del dissoluto punito en el marco del I Festival de Ópera de Sevilla. Mozart, ya lo dijo nuestro Cernuda, “es la música misma”. Su sola existencia, luminosa y trágica, encarna un misterio que nos interpela sobre la naturaleza de la condición humana. Hoy rendiremos tributo a su escritura lírica con tres arias escritas, según práctica usual de la corte musical vienesa, para ser interpretadas dentro de las óperas consagradas de otros autores, añadidas como alhajas de virtuosismo y tour de force vocal. La intensidad y belleza de estas joyas escogidas relucirán en la voz prístina de la soprano sevillana Leonor Bonilla.

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Se completa este homenaje mozartiano -Tutto Mozart- con la interpretación de la Obertura a la ópera Lucio Silla, compuesta por el genio de Salzburgo a los dieciséis años, y su Sinfonía nº41, Júpiter, una de las más grandes creaciones de la humanidad de todos los tiempos.

 

Obertura Lucio Silla

 

Tras el éxito de Mitrídates, rey del Ponto, estrenada en el Teatro Regio Ducal de Milán y compuesta en 1770 durante el primer viaje a Italia de Mozart, el gran duque de Toscana encargó al niño compositor de catorce años, una segunda ópera, que sería concluida durante el tercero y último de los viajes italianos en 1772. Entre ambos estrenos, en 1771, fue presentada, también en Milán, Ascanio in alba,  encargo de la emperatriz María Teresa para las bodas de su hijo, el archiduque Fernando de Austria. Aquellas tres giras triunfales, con sus tres operas ducales, no cumplieron el objetivo soñado por Leopold Mozart de dejar al joven Amadeus al amparo de alguna corte italiana, aunque fueron fundamentales en la construcción de su personalidad artística. Estrenada el 26 de diciembre de 1772, tuvo un gran éxito con veintiséis representaciones, pero no fue reestrenada hasta 1975 en el Festival de Salzburgo. La obertura que hoy escucharemos es la pieza que quizá mejor resiste la comparación con las obras de madurez de Mozart. A un arranque heroico y agitado (molto allegro), sucede un andante noble y solemne -en consonancia con la gravedad del libreto, un drama político y amoroso en la roma republicana- que culmina, nuevamente en un molto allegro chispeante y juvenil como su autor.

 

Popolo di Siviglia

 

Los abonados a la ópera en el Maestranza anhelan el reencuentro con Leonor Bonilla desde su debut en la “Lucía de Lammermoor” junto a la ROSS en 2018, refrendada con su prodigiosa interpretación de Giuletta en Montescos y Capuletos de Bellini en 2021. Desde su victoria en el certamen de Nuevas Voces ciudad de Sevilla, organizada por la Asociación de Amigos de la Ópera, en 2016, su figura internacional, como estrella de la lírica española, no ha dejado de crecer. Mientras aguardamos su próximo papel de heroína en el Maestranza – a la belleza de su timbre natural Leonor añade una bis tragicómica y una presencia escénica de prima donna- los seguidores de la sinfónica hemos podido escucharla en varias ocasiones junto a nuestra orquesta. La última, esta misma temporada, como la Zetulbe de “El califa de Bagdad”, la ópera del sevillano Manuel García -primer “barbero” de Sevilla y padre de las grandes sopranos del XIX, María Malibrán y Pauline Viardot-, escenificada en el Bagdad del Alcázar durante el Festival de Ópera. Para el recuerdo ha quedado su dúo en el Patio de la Montería con las campanas ebrias de la Giralda que pretendían doblarla, sin conseguirlo.

Nuestra estrella interpretará hoy tres arias mozartianas de extrema dificultad infrecuentes en los escenarios al no formar parte de ninguna ópera de repertorio. Es un ejercicio de compromiso con su arte y con su público, pues no hay matiz de la voz que Mozart no ponga a pruebas en estas arias de endiablada coloratura.

 

Popoli di Tessaglia! Io non chiedo, eterni dei K. 316.  (“¡Pueblo de Tesalia!... No pido, eternos dioses”) Escrita en 1779 e insertada en la ópera Alceste de Gluck, fue compuesta para el lucimiento vocal de Aloysia Weber, la hermana mayor de la futura mujer de Mozart, de quien fue profesor de canto y a la que acaso llegó a pretender antes de Constanza. Es célebre por sus dos sobreagudos en Sol, por encima del Do Mayor. En sus cartas Mozart afirmaba que era la mejor de las escenas de ese tipo que había compuesto.

 

Vorrei Spiegarvi, Oh Dio! K. 418 (“Me gustaría explicarte, ¡oh Dios!”). Es un aria de 1783, incorporada a la ópera de Pasquale Anfossi “El curioso indiscreto”, inspirada en la historia de “El Curioso Impertinente” cervantino. Compuesta también para la hermana de Constanza, ahora Aloysa Lange, -por su matrimonio con Joseph Lange, actor cómico de la corte vienesa-. El aria se inicia como una oración y concluye con gran agitación dramática, poniendo a prueba la capacidad expresiva y emocional de la soprano, obligada a trazar un arco amplísimo de registros.

 

Ah se in ciel, benigne stelle, K. 538 (“Ah, si en el cielo, estrellas benignas”). Escrita en 1788 también para Aloysia cuya posteridad ha quedado así unida al genio de Wolfgang, se trata en este caso de un aria de concierto sobre dos estrofas de Pietro Metastasio. Lo breve del texto favorece un tratamiento de coloratura vertiginosa y agitada de gran impacto.

 

 

Júpiter Tonante

 

En el inconmensurable cosmos mozartiano hay una constelación que brilla con luz propia, la formada por las tres últimas y trascendentales sinfonías (39, 40 y 41, “Júpiter”), compuestas en apenas diez semanas durante el verano de 1788. Los musicólogos no tienen certezas sobre si estos tres prodigios que articulan todo el sinfonismo romántico, de Beethoven a Mahler, llegaron a ser estrenados en vida del autor. Sí sabemos con seguridad que la desdicha se cernió con crueldad sobre el genio de Salzburgo durante sus últimos años de vida. Abandonado por sus protectores y por el público vienés, náufrago en un mar de deudas y dudas, tuvo enormes dificultades para organizar conciertos y solo el éxito relativo y tardío de la “Flauta mágica” pudo paliar estas carencias.

Se han supuesto toda clase de causas para explicar la caída en desgracia de Mozart. Cada vez cobra más peso, sin embargo, la tesis de que la complejidad de sus composiciones lo hubiera hecho oscuro a una Viena refractaria a la música del futuro.

Las tres últimas sinfonías de Mozart son las tres primeras del Romanticismo y su extensión, su arquitectura y las múltiples innovaciones que incorporan no eran asimilables en una primera escucha por quienes habían adorado al Mozart más cortesano.

Destaca el carácter afirmativo y rotundo de la sinfonía Júpiter, a la que probablemente deba el nombre, dado por el empresario Johann Peter Salomon, empresario alemán establecido en Inglaterra con quien nuestro compositor había apalabrado una gira que la temprana muerte impidió. Admira que Mozart, sumido en una grave crisis existencial y financiera, pudiera combinar su escritura optimista con la más trágica Sinfonía 40.

La Sinfonía nº 41 es una obra perfecta, cumbre del Mozart más vitalista y racional, lejos de las sombras que anunciaban su Don Giovanni y su Requiem. Son cuatro sus movimiento: si en el primero, Allegro, se manifiesta el inconfundible ascenso melódico heroico y grácil, característicamente mozartiano; en el segundo, un Andante Cantabile, fluye musicalmente la serenidad sonora y lírica. En el tercero Menuetto. Allegretto, acontece la danza, la danza que no se dejará de escuchar en casi todas las sinfonías románticas de Beethoven a Mahler. Termina la sinfonía, tan solar como jupiterina, con un Molto allegro, cima de la técnica, Bach al fondo, en progresión de fugas.

Envío

Junto al arpa y el fagot,

Manuel García solfea.

Hoy, Leonor, en la platea

se sienta Pauline Viardot,

y las cartas del tarot

revelan en la capilla

un misterio de Sevilla:

- “¿Dónde está la Malibrán?”

- “Los ángeles lo sabrán

si canta Leonor Bonilla.

José María Jurado García-Posada