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Imagen temporada 2026-2027

Imagen temporada

Las obras Pentagrama y Silencios reúnen varias líneas de investigación de mi trabajo reciente: el color como territorio sensible, el fragmento como forma de pensamiento y la voz como presencia interior que busca activarse. A estos ejes se suma, para esta ocasión, la música como espacio de convergencia, donde color, fragmento y voz se articulan en una experiencia común, como una composición que organiza lo disperso y da forma a lo intangible. Ambas piezas, realizadas a lápiz de color sobre papel, nacen de una escucha atenta a lo mínimo, a lo que vibra sin imponerse y se despliega desde dentro hacia afuera.

El color ocupa un lugar central y, aunque históricamente ha sido relegado como algo secundario o meramente emocional, encierra una potencia profunda: es vibración pura, una energía que se expande, afecta al cuerpo y se manifiesta como una voz sin palabras. A partir de esta base, el trabajo se construye también desde el fragmento, entendido no como ruptura sino como ritmo, donde la acumulación de pequeños trazos, capas y gestos mínimos genera una unidad mayor, un tejido vivo que respira y piensa. En este proceso, cada elemento suma y activa una dinámica interna que se despliega de forma orgánica. A su vez, la idea de la voz atraviesa ambas dimensiones, invitando en medio del ruido a una escucha más atenta y personal. Así, cada persona puede conectar con una voz íntima y única que emerge desde la presencia. En este sentido, la voz no solo se expresa en el color y el fragmento, sino también en los silencios, concebidos como espacios fértiles donde algo comienza a tomar forma.

En Pentagrama no hay notas, pero si color. Ese vacío no es falta, sino apertura: un espacio abierto donde expandir el pecho y dejar vibrar la propia voz. Silencios, por su parte, toma los símbolos de las pausas musicales y los envuelve en un color vivo, palpitante, como si cada interrupción fuera también una forma de sonido. Ambas piezas invitan a pensar la música —y la vida— como una orquesta de presencias, pausas e intensidades. Son puertas abiertas al acto de crear y de compartir, espacios donde la vibración se convierte en experiencia y en crecimiento.

INMACULADA SALINAS. Guadalcanal, Sevilla, 1967

Licenciada en Bellas Artes. Universidad de Sevilla.

Considero que lo más importante para el ser humano es formarse, ya que la adquisición de conocimiento y la construcción de un criterio propio constituyen la base para comprender el mundo y posicionarse frente a él. Como artista, entiendo la formación como un camino continuo de reflexión, cuestionamiento y apertura intelectual que permite desarrollar un espíritu crítico y una mirada autónoma. En este recorrido, el arte se presenta como una herramienta fundamental y profundamente enriquecedora, capaz de estimular la sensibilidad, la capacidad de análisis y la interpretación de la realidad desde múltiples perspectivas. La formación intelectual y cultural, atravesada por la experiencia artística, se convierte en una condición esencial para alcanzar la mayor libertad posible, entendida como la capacidad de pensar, decidir y actuar de manera consciente, responsable y autónoma. En mi modo de construir y narrar aparecen explícita o implícitamente cuestiones interrelacionadas tales como la Identidad, el Tiempo, el Trabajo y los motivos y modos en como se han construido estos asuntos desde la historia y como nos lo han mostrado a través de imágenes, narraciones, relatos, crónicas, cuentos, leyendas etc.